Desde ANPE-PERÚ, nos solidarizamos con nuestros hermanos y hermanas pequeños agricultores de las regiones de Puno, Cusco, Ayacucho y otras, quienes han sufrido los efectos severos de la naturaleza, afectando sus cultivos, ganado y, en algunos casos, sus viviendas. En los últimos días, las heladas, granizadas y ventarrones han impactado gravemente la producción de alimentos familiares y la economía rural, llevando a muchas familias a una situación de pobreza extrema. Este escenario también afectará los mercados locales y a la población económicamente vulnerable de las ciudades en estas regiones.
Los pequeños agricultores y ganaderos, como siempre, son infravalorados, marginados y olvidados por los gobiernos de turno —nacional, regional y local—, a pesar de que trabajan con esfuerzo familiar para alimentar a la sociedad y abastecer los mercados locales, ya sea de manera directa o indirecta.
Exhortamos al MIDAGRI y a las Direcciones Regionales Agrarias a cumplir con su responsabilidad de evaluar de manera objetiva los daños causados por estos fenómenos naturales. Es fundamental que valoren las pérdidas económicas y sociales, ya que estas no solo afectan la seguridad alimentaria de las familias campesinas, sino que también las condenan al fracaso y a una mayor pobreza.
Desde ANPE-PERÚ demandamos un apoyo real por parte de los gobiernos nacionales, regionales y locales. Es inaceptable que, como en ocasiones anteriores, se limiten a entregar abonos foliares o pequeñas raciones de alimentos que solo sirven por unos días, cuando lo que se necesita es una acción integral y sostenible que respalde verdaderamente a las familias campesinas. También hacemos un llamado a los políticos y congresistas para que adopten medidas normativas que favorezcan a los campesinos, quienes son los más vulnerables frente a estas adversidades.
Instamos a las autoridades a reflexionar y a actuar con compasión hacia los campesinos, quienes son una parte esencial de la sociedad peruana y contribuyen significativamente al desarrollo del país.