En el Perú, las mujeres agricultoras son el corazón de las comunidades rurales, donde asumen múltiples roles que van desde el cuidado del hogar hasta la participación en asociaciones locales y actividades productivas. Sin embargo enfrentan desafíos estructurales que no solo limitan su crecimiento, sino que ponen en riesgo la continuidad de la agricultura sostenible y agroecológica en el país. En regiones como Lambayeque, Ayacucho, Arequipa y Junín, estas mujeres luchan por mantener sus cultivos y asegurar un futuro para sus familias, mientras soportan las consecuencias de un sistema que ha ignorado sus necesidades.
En Lambayeque, Bernarda Torres, expone la realidad de muchas agricultoras:
«Aunque existen leyes que respaldan la agroecología, su implementación es deficiente. La falta de presupuesto y capacitación, combinada con los altos costos de transporte, obstaculizan el acceso a mercados».
Como ella explica: » Para salir de la comunidad a la ciudad, cada persona debe gastar 30 soles, y eso limita la comercialización de nuestros productos».
Las mujeres en Arequipa, como María Eugenia Calla, también enfrentan barreras adicionales. Muchas, al ser las principales cuidadoras del hogar, deben coordinar quién se queda con sus hijos para asistir a capacitaciones y talleres. María Eugenia destaca cómo el cambio climático y las temperaturas extremas afectan los cultivos a pesar de esfuerzos como el riego tecnificado y el uso de fertilizantes naturales, que se han vuelto esenciales para sostener la producción.
El impacto del cambio climático y la desatención estatal también es evidente en Ayacucho y Junín, donde la escasez de agua y la variabilidad del clima interrumpen los ciclos de siembra. Ysabel de la Cruz, de Ayacucho señala que: «La minería en cabeceras de cuenca contamina el agua y amenaza los cultivos«, una problemática que se agrava con la desglaciación y la deforestación de los recursos naturales de la zona.
El difícil acceso a mercados dinámicos
Uno de los principales retos que enfrentan las agricultoras es la integración en mercados competitivos y justos. En Junín, Gabriela resalta las dificultades para acceder a espacios de comercialización: “Participo en ferias organizadas por el gobierno regional, pero si no tienes contactos que te ayuden, es difícil mostrar tus productos. Muchos consumidores buscan cantidad en lugar de calidad, y prefieren lo barato, aunque sea menos saludable”.
En Lambayeque, Bernarda describe cómo la falta de transporte adecuado afecta la venta de productos agroecológicos: “El transporte nos cuesta mucho, y además los precios en el mercado no son justos. Si no agregamos valor a nuestros productos, no podemos competir”.
Ysabel, desde Ayacucho, enfatiza que las políticas gubernamentales han ignorado las necesidades de las agricultoras. “Competimos con producciones comerciales que usan químicos, y nuestros productos no reciben el mismo reconocimiento. Se necesita una cultura alimentaria que valore la calidad y la agrobiodiversidad”, afirma.
Incluso en las ferias, que deberían ser una solución, las restricciones limitan las oportunidades de venta. En Arequipa, María Eugenia señala: “Solo se organizan ferias cuatro veces al año, y nos permiten participar una vez por turno. Esto no compensa los costos de producción. En los supermercados, los precios son tan bajos que terminamos comprándonos entre nosotras mismas”.
La juventud y la agricultura: Un futuro incierto
La falta de incentivos también afecta la visión de los jóvenes, quienes cada vez más se alejan del campo. En Junín, Gabriela observa cómo sus hijos y los jóvenes de su comunidad migran a las ciudades buscando oportunidades más rentables, dejando la agricultura porque la ven como una actividad insostenible.
«La mayoría de los jóvenes tienen una visión orientada hacia la ciudad en lugar del campo, y en este contexto de recesión muchos están migrando en busca de empleo urbano. Ven la agricultura como una actividad poco sostenible y, sin una adecuada concientización, este sector corre el riesgo de ser olvidado. Los jóvenes suelen optar por negocios que les ofrezcan ingresos más rápidos, ya que la agricultura requiere tiempo y es un proceso. Además, factores como el cambio climático y las lluvias afectan la producción, lo que añade incertidumbre a la actividad agrícola.», advierte.
A pesar de su interés en aprender, los jóvenes a menudo abandonan los proyectos agrícolas cuando no encuentran financiamiento o incentivos adecuados. Lucinda Quispealaya, agricultora de Junín, recuerda un proyecto de crianza de cuyes que apenas terminó el financiamiento inicial, hizo que los jóvenes perdieran el interés.
«Sin un mercado que valore los productos agroecológicos, muchos jóvenes ven el trabajo en el campo como un sacrificio sin recompensa».
En Ayacucho, Ysabel destaca la falta de mercados para los productos agroecológicos, lo que limita las posibilidades de ingresos estables. “Los proyectos suelen ser pequeños y no sostenibles. Además, los intermediarios obtienen la mayor ganancia, mientras que los productores apenas sobreviven”, dice.
Salud mental y sobrecarga de trabajo
A nivel personal, las mujeres agricultoras llevan una carga que afecta su salud física y mental. María Eugenia, de Arequipa, comparte que para poder participar en actividades fueras del hogar, debe planificar con antelación todas las tareas domésticas, lo que reduce sus horas de descanso y genera altos niveles de estrés.
«Nos hace falta un equilibrio entre el trabajo productivo y el cuidado de la familia», dice Lucinda además agrega que es crucial que las familias comprendan el esfuerzo de las mujeres y promuevan una mayor empatía para mejorar su calidad de vida.
Liderazgo y resistencia frente al machismo
A pesar de los desafíos, las mujeres han logrado conquistar espacios de liderazgo en algunas comunidades. En Lambayeque, Bernarda resalta el papel de las asociaciones de mujeres: “En ciertas zonas, las mujeres asumen cargos importantes gracias al empoderamiento que hemos logrado a través de organizaciones”, comenta.
Sin embargo, el machismo sigue presente, como señala Lucinda de Junín:
“Siempre hemos buscado la paridad entre el hombre y la mujer que trabaja en la tierra, pero en la participación de reuniones y/o asambleas ahí si hay diferencias, porque los hombres siempre han ocupado esos cargos de participación, es una conquista de espacios, pero ellas no asumen cargos, de las 10 mujeres en mi comunidad, solo ocupan algunos cargos como de teniente, algunos cargos menores, pero no presidente, dentro de la comunidad”. Culturalmente es una resistencia y las mujeres nos hemos abierto estos espacios, pero nosotras mismas también ponemos limitantes, porque si alguna de nosotras participamos mas es también mal visto”.
La urgencia de una transformación para la agricultura rural
El abandono de las mujeres agricultoras por parte de las autoridades es un llamado de alerta que exigen una respuesta inmediata. Las políticas actuales no consideran sus necesidades y no facilitan su acceso a los mercados ni apoyan el desarrollo de productos agroecológicos. Sin embargo, estas mujeres han mostrado una resiliencia ejemplar, adaptándose a la adversidad y liderando esfuerzos comunitarios para la fortalecer la agroecología.

Entrevista a mujeres de las bases regionales de ANPE, via Zoom.