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En el Día Internacional de la Mujer Rural, la Asociación Nacional de Productores Ecológicos del Perú (ANPE) hace un llamado a reflexionar sobre la situación crítica de las mujeres rurales, quienes, a pesar de ser las principales productoras de alimentos y custodias del medio ambiente, continúan enfrentando barreras que las colocan en una posición de vulnerabilidad. Su rol en la lucha contra el cambio climático es clave, pero sus derechos y oportunidades siguen desiguales.

Las mujeres rurales representan el corazón de la agricultura familiar en el Perú. Son responsables de asegurar gran parte de los alimentos que llegan a las mesas de peruanos y peruanas y son las que, a través de prácticas ancestrales y conocimientos transmitidos de generación en generación, han logrado mantener la agrobiodiversidad que caracteriza a nuestro país. No obstante, enfrentan una lucha constante en un contexto que las excluye de manera estructural.

A pesar de su crucial contribución, muchas de estas mujeres viven en condiciones de pobreza extrema, con acceso limitado a recursos como la tierra, el agua y los servicios básicos. El cambio climático, con sus efectos más extremos y difíciles de predecir, agrava esta situación. Las sequías prolongadas, la disminución de los rendimientos agrícolas y la pérdida de biodiversidad afectan directamente a sus medios de subsistencia. Este escenario no solo impacta a nivel económico, sino que también profundiza las brechas de género existentes.

Las mujeres rurales, particularmente las indígenas y campesinas, son las primeras en sentir los efectos del cambio climático, no solo porque dependen de la tierra para vivir, sino porque las políticas públicas y las estrategias de mitigación suelen ignorar sus necesidades. A pesar de que son ellas quienes están en la primera línea de defensa contra el deterioro ambiental, sus voces son marginadas en los espacios de toma de decisiones, tanto a nivel local como nacional.

Es urgente replantear el paradigma actual. La invisibilidad de las mujeres rurales en el Perú no solo es una cuestión de justicia social, sino también un obstáculo para enfrentar los grandes desafíos globales. ¿Cómo podemos aspirar a mitigar el cambio climático y garantizar la seguridad alimentaria si excluimos a quienes han sido históricamente guardianas de la naturaleza y la biodiversidad? La participación activa de las mujeres rurales en la toma de decisiones no es solo un derecho, es una necesidad para avanzar hacia un futuro sostenible.

 

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